martes, 12 de diciembre de 2006

Sony Reader, un nuevo intento de dejar obsoletos los libros

"El mercado de descarga de libros crecerá un 400% durante cada uno de los dos próximos años, hasta alcanzar los 20.000 millones de euros en 2008", predijo la oradora inaugural de la convención 2001 de la Women's National Book Association. "Pocos años después de finalizar esta década, los e-libros serán el formato predominante para la distribución de contenido libresco".

La gran y fantástica burbuja de los e-libros reventó poco después de esa conferencia, junto con el resto de la burbuja puntocom. En 2003, Barnes & Noble cerró su tienda de e-libros, Palm vendió su negocio de e-libros a un portal web, y la mayoría de la gente dió la idea por muerta.

Pero no todo el mundo. En Sony, un grupo de fanáticos sigue creyendo que los e-libros bien diseñados tienen futuro. Su solución es el Sony Reader, una pequeña y elegante pantalla portátil que comenzó a venderse el mes pasado en centros comerciales de gama alta, en las librerías Borders y en la tienda en línea de Sony a un precio de 350 dólares.Todo ello en los Estados Unidos; Sony España ha confirmado a CanalPDA que no está previsto comercializar el Reader en el mercado español).

Aunque fracasasen la primera vez, es innegable que los e-libros ofrecen ciertas ventajas. Se pueden llevar varias docenas en el equipaje sin que éste pese ni abulte más. Se puede elegir el tamaño de la letra. Se puede buscar en todo el libro en cuestión de segundos, o insertar un número infinito de marcadores. Para fabricar e-libros no se destruye ningún árbol. Y se pueden leer durante la comida sin tener que sujetarlos abiertos con una lata peligrosamente llena de refresco.

Si le gusta a usted la idea, el Sony Reader tiene muchas cosas que le gustarán, y unas cuantas que no.

Es una atractiva tableta de 1,2 centímetros de grosor y 250 gramos de peso, más pequeña que una hoja de papel plegada por la mitad y "encuadernada" en una funda protectora de símil piel. Se pueden pasar las páginas una a una, o bien avanzar el 10% del libro de una vez. El botón Mark dobla la esquina superior de la página.

Sin embargo, lo que distingue al equipo de Sony de todos los lectores de e-libros que han fracasado en épocas anteriores es la pantalla.

El Reader utiliza una nueva e interesante tecnología de visualización de una firma llamada E-ink. Atrapados entre dos láminas de plástico hay millones de esferas transparentes, casi microscópicas, llenas de líquido. En su interior flotan partículas blancas y negras, como si fueran las bolas navideñas más diminutas del mundo. Según cómo se aplique la carga eléctrica a la lámina de plástico, serán las partículas blancas o las negras las que suban a la parte superior de las pequeñas esferas, formando tramas detalladas de blanco y negro.

El resultado tiene el mismo aspecto que la tinta sobre un papel gris claro. La "tinta" está tan cerca de la superficie de la pantalla que parece como si estuviera impresa sobre ella. La experiencia de lectura es agradable, natural y no se parece en nada a leer en una pantalla de ordenador.

Sin embargo, no hay retroiluminación. Sólo se puede leer con luz ambiente. Probablemente, Sony dirá que este rasgo hace el Reader aún más parecido a un libro tradicional, pero también significa que no se puede leer en la cama con la luz apagada, tal como sí se puede hacer con un ordenador portátil o de mano.

Por otra parte, en cuanto las citadas microesferas han formado la imagen de la página, se quedan quietas sin consumir ni gota de energía. Por sorprendente que parezca, eso significa que no hace falta apagar nunca el Reader. Cuando uno se echa a dormir, lo deja sin más en la mesilla de noche; la página que estábamos leyendo permanece en la pantalla sin consumir batería. (Según Sony, uno de los prototipos del Reader lleva tres años mostrando la misma página con una sola recarga). Todos nuestros instintos humanos nos impulsarán a no dejar el chisme siempre encendido, pero uno acaba acostumbrándose.

De hecho, el único momento en que el Reader utiliza la electricidad es mientras se pasa de página. Cada recarga da para pasar 7.500 páginas. Con esa energía hay suficiente para leerse 16 veces "El Código DaVinci" (me refiero a la energía eléctrica, claro). La batería se puede recargar con un cable de alimentación o a través del puerto USB de un ordenador.

El Reader también puede mostrar fotografías digitales (que ofrecen un aspecto sorprendentemente bueno, teniendo en cuenta que están representadas con sólo cuatro niveles de gris) y reproducir ficheros musicales (en formatos MP3 o AAC sin proteger) a través de unos auriculares. Con la preparación adecuada, se puede llegar a leer mientras se escucha el audiolibro.

El Reader se puede llenar de dos formas. La primera es copiar los textos, fotos y música en una tarjeta de memoria (Memory Stick o SD) e introducirla en la ranura del lado izquierdo. Ésa es también la manera de ampliar la memoria incorporada del Reader (64 megabytes, suficientes para 80 libros).

La otra es importar los ficheros en un programa algo defectuoso para Windows, denominado Sony Connect. Viene a cumplir las funciones de gramola para el Reader del mismo modo que iTunes lo hace para el iPod, aunque Sony Connect obliga a arrastrar manualmente los ficheros y no sincroniza automáticamente con el Reader.

El programa en cuestión también es la puerta de entrada a la librería online del Reader. El catálogo contiene más de 10.000 títulos de diversas editoriales. Algunos, como "Freakonomics", tienen el mismo precio que sus ediciones de tapa dura (16 dólares); otros, como "The Devil Wears Prada", cuestan como la edición de bolsillo (8 dólares). Si compra usted un Reader antes de fin de año, Sony le regalará un cupón para comprar libros por valor de 50 dólares.

Naturalmente, los libros están protegidos contra copia. Se pueden leer en un total de seis equipos, contando tanto los Readers de nuestra propiedad como los ordenadores Windows. Cuando terminamos de leer un libro, no podemos regalarlo ni venderlo, ni mucho menos devolverlo a la tienda.

El Reader también admite ficheros estándar de texto y documentos Word (de los que sólo conserva el formato básico), lo que significa que puede usted servirse los 19.000 libros gratuitos, no sujetos a copyright, de Gutenberg.org. El Reader también abre documentos PDF, pero la mayoría son demasiado grandes para la pequeña pantalla del Reader, de modo que el texto se encoge tanto que acaba siendo ilegible.

Pero ésa no es la única letra pequeña. El Sony Reader tiene algunos aspectos mejorables.

Al igual que un Telesketch, la pantalla del Reader tiene que borrar cada página antes de dibujar la siguiente. Por desgracia, el resultado es un molesto parpadeo blanco-negro-blanco de un segundo de duración.

Al pulsar el botón Size se alterna entre tres tamaños de letra; manteniéndolo pulsado, la página gira 90 grados. El mayor de los tamaños de letra es agradable para quienes pasamos de los 40, pero también significa que hay que pasar las páginas más a menudo, soportando todavía más dobles parpadeos.

Además, Sony se las ha ingeniado para meter unos cuantos mandos bastante confusos, lo cual no resulta fácil en lo que debería ser un equipo muy sencillo. Por ejemplo, los botones de página anterior/siguiente aparecen como zonas clicables, en los extremos opuestos de la diagonal de un disco del tamaño de un céntimo. Un mando circular tendría sentido si tuviera botones en las cuatro esquinas, pero ¿sólo en dos de ellas?

Tampoco hay funciones de búsqueda, audio, vídeo ni enlaces. Adiós a todas esas ventajas de los e-libros.

De todos modos, Sony ha acertado en lo importante: el tacto del equipo, lo agradable de la lectura, la claridad de la tipografía. Tampoco es que sea la única empresa que confía en resucitar el sueño de los libros electrónicos. Una filial de Philips llamada iRex ya está vendiendo un "producto en curso" denominado iLiad, que utiliza la misma pantalla de E-ink pero ofrece conexión a redes inalámbricas, una pantalla más grande, 16 niveles de gris, pantalla táctil para tomar notas manuscritas y un precio de 700 dólares. Y hace poco que algunos blogueros descubrieron que Amazon.com está preparando su propio lector de e-libros, con tienda incluida. (Busquen amazon kindle en Google y verán).

Así pues, ¿ya está? ¿Está perdido el libro de papel? ¿Ha sido simplemente un chisme de transición entre las lápidas de mármol y los e-libros?

En absoluto. El Sony Reader es un logro impresionante, y un avance importante hacia una alternativa práctica a los libros impresos. A algunos colectivos especializados les encantará: fanáticos de los cacharritos, abogados con enormes legajos de documentación, médicos y pilotos que consultan pesados volúmenes de referencia, estudiantes de secundaria con mochilas de 15 kilos, y cualquiera que guste de leer junto a la piscina durante 20 semanas seguidas.

En cambio, seguramente las masas sigan optando por el formato de documentos portátiles más establecido: esa vieja máquina de leer nunca se queda sin batería, cuesta el 2% de lo que el Reader y no se rompe si cae al suelo. Ya saben: el p-libro.

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